Más vale tarde que nunca

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June 5, 2013 by Carlos Jovel Munguia

Hace 7 años escribí esta columna. Los resultados de Mano Dura y Súper Mano Dura no prueban que es inefectivo reprimir el crimen, sino que somos muy malos haciéndolo. Hay que combatirlo con la ley, y que sean las fundaciones privadas e iglesias -con el gobierno fuera- que busquen las treguas necesarias. Para ello, necesitamos buenas cárceles.

Nuestras cárceles son centros de hacinamiento indignos para seres humanos, que se han convertido en bases de operación del crimen. El hecho que tengan celulares para extorsionar desde adentro es un buen ejemplo.

Con cárceles humanas, seguras y sofisticadas, que envíen un mensaje de dignidad y autoridad a nuestros reclusos, un enfoque de inserción es posible. Esto es políticamente difícil de vender, pero si tratamos a nuestros presos peor que animales (por asesinos que sean), no esperemos que nos traten como seres humanos. Los reclusos, independientemente de sus crímenes, por su condición de seres humanos, tienen dignidad.

Más vale tarde que nunca

Publicado en El Diario de Hoy el 9 de noviembre de 2006

130604-MSXIIIEn El Salvador y en los países pobres, tenemos una visión política de la vida: Desde la perspectiva individual, todos los problemas son causa del Estado y todas las soluciones posibles pasan por iniciativas de un Estado reducido al Poder Ejecutivo.

Este fenómeno está en todas partes: los reproches al gobierno van desde la falta de voluntad de reducir los precios del petróleo hasta la falta de cerebro para construir oposición desde el Estado.

Lo cierto es que ni el Ejecutivo está exento de responsabilidad de lo que nos sucede, ni es el principal responsable; una combinación entre la estructura de administración presidencialista que mantuvimos durante décadas y el desempeño de los poderes Legislativo y Judicial nos los borraron del radar.

¿Es ya demasiado tarde para superar la crisis en que nos han sumergido las pandillas? Gary Becker, profesor de la Universidad de Chicago y Premio Nobel de Economía, afirma acerca de la experiencia de Estados Unidos que redujo de manera dramática los índices delincuenciales: “Los ladrones que están presos no pueden cometer asaltos y muchos han decidido no dedicarse a cometer delitos ante la creciente probabilidad de ser condenado a largos años de cárcel”. Al aumentar el número de delincuentes en la cárcel, se reduce el número de delitos, por lo que agrega Becker: “La experiencia de Estados Unidos demuestra que es aumentando las probabilidades de ser detectado, apresado y castigado lo que reduce el índice delictivo”.

Aumentar la capacidad y el control en las cárceles, fortalecer la investigación, incrementar las capturas, endurecer las penas y sobre todo ejecutarlas, pueden resolver en el corto plazo el problema de la criminalidad sin afectar las libertades de la gente decente.

En otras palabras, hay que aumentar el número de delincuentes en la cárcel y asegurarnos de que se queden adentro. En las últimas semanas, los tres poderes del Estado parecen por finalinearse tras su imperativo de proteger la vida y la propiedad del individuo. La mayoría de las iniciativas en la mesa, va en esta dirección, debemos asumir que el Estado hará su parte y nosotros hacer la nuestra.

Desde el punto de vista individual, es nuestra responsabilidad de ciudadanos trabajar desde ahora para lograr mantener el orden, para ello hay que romper estructuralmente la multiplicación de pandilleros. ¿Cómo aportar?

Primero hay que llevar -por amor al país- el optimismo hasta el absurdo: no hay pesimista exitoso.

Segundo, hay que entender el problema estructural: las pandillas no son hijas de la pobreza ni de la emigración sino de la desintegración familiar; sólo una parte de la desintegración está relacionada a la emigración. Si la inversión no va a las personas, las personas van donde está la inversión y se destruye el vínculo familiar.

Debemos volver el país atractivo, atraer capital y evitar las situaciones que lo espantan. Esto no es responsabilidad de la derecha o de la izquierda, sino de los salvadoreños. Costa Rica lo logró y sus habitantes tienen un Ingreso Nacional Bruto de casi el doble del nuestro.

Tercero, debemos actuar. Si miramos con atención encontraremos innumerables iniciativas privadas que buscan de manera desinteresada defender la vida y la institución de la familia; iniciativas que construyen individuos y familias más fuertes y por ende sociedades más sólidas y responsables a través del fomento de valores universales como la honestidad, el respeto, la solidaridad y el trabajo, entre otros.

Están en nuestras comunidades, en las escuelas de nuestros hijos, en nuestros trabajos, en fundaciones, en las iglesias, en todos lados. Aún están muy vacías. Debemos participar, asociarnos, sólo así amansaremos el capital social necesario para afrontar los problemas del futuro.

Piense un segundo y se dará cuenta de que más de alguna vez lo invitaron a participar y se quedó fuera; la próxima vez que le inviten, móntese al caballo. La solución está en nuestras manos. El Salvador nos necesita.

One thought on “Más vale tarde que nunca

  1. Yuri R. López says:

    Nada hemos logrado ¿no es cierto?

    Tan actual como en el 2006.

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Carlos Jovel Munguia

Carlos Jovel Munguia

Salvadoreño por nacimiento. Esposo, padre de tres (una en camino). Disfruto el café, la cerveza, la comida y contarle las maravillosas historias de Cachanflín, Cuchuflina y Horchatilla a mis hijos. Rebelde empedernido que esconde sus rasgos de nerd. Adicto a la libertad y responsable de sus consecuencias. Alguna vez hice deporte; le voy al Alianza y a través de un hijo adopté a Colo Colo; todavía guardo amarguras -y esperanza- con mi selección de fútbol. Inmigrante que sueña con un El Salvador libre y sin pobres. Aprendiz de economía y negocios (ESEN), dirección de empresas (Georgetown University), políticas públicas (University of Chicago) y tecnología.

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