Cuarenta

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March 27, 2018 by Carlos Jovel Munguia

Hoy cumplo cuarenta años. Cuatro décadas no son poca cosa, sobre todo si uno ha rodado la máquina con intensidad (se sienten más cuando la edad supera la talla de cintura). Cierto es, que no todos son achaques. Cuando uno ve por un momento hacia atrás, 14,610 días no son tantos. Antes de ver de nuevo con alegría hacia el frente, encontré que valía la pena decirles tres cosas:

Gracias:

(Particularmente) a Dios, porque realmente tuve suerte en esa misteriosa lotería que es el nacimiento. Porque llegué patas abajo en medio de una cesárea en la que pude haberme quedado (“mi único hijo que nació de cesárea”). Porque tuve un hogar donde nunca sobró nada, y en el que nunca me faltó amor: por la bendición de tener tres hermanos. Porque a punta del esfuerzo de mis padres, préstamos y becas pude acceder a una buena educación. Por aquellos hermanos maristas, profesores, entrenadores y padres jesuitas nobles que se dieron la tarea de darme una buena conversación, un buen consejo o asignarme un difícil castigo. Porque tuve la suerte de jugar basquetbol de manera competitiva en mi adolescencia, el escape perfecto para los momentos duros. Por la familia, por los tíos que me abrieron su casa cuando yo mismo me encargaba de boicotear la mía, por los primos que han sido como hermanos, por los amigos de siempre y de ahora: nunca me hizo falta un hombro cada vez que lo necesité; soy muy afortunado de tenerles. Por cada uno de los colegas y los jefes que tuve, por su excelencia, disciplina, creatividad, sentido del deber, kindness; no son lecciones simples de aprender. Por los ingenieros: por el privilegio de aprender a inventar junto a ellos (por el esfuerzo de estar a la altura: se hace lo que se puede). Por la nobleza en el corazón de mi papá, una brújula y perspectiva. Por la fe de mi mamá, varios órdenes de magnitud mayor a la mía, ha alcanzado y sobrado para protegerme de la impunidad del que erra en grande con la conciencia tranquila. Además, nada como la piedad de madre amorosa para mantenerle a uno –por virtud de la providencia- vivo en contextos realmente complicados. Por mis hijos, un verdadero milagro hecho realidad (“para Dios nada es imposible”): por la libertad de encarar la vida pensando en ellos, por su misión de ser niños, y de ser felices. Por la fortuna de compartir mi vida con una mujer que con su existencia, me hace una persona muy feliz, y la vida se trata de ser feliz.

Perdón:

Uno siempre lo puede hacer mejor, y cuarenta años se vuelven muchos cuando uno recuerda con dolor pero con paz sus errores: como las veces que de niño elegí estar del lado de los más fuertes, debí haber sido más valiente. Cuando excusado en los años de juventud, me importó poco los desvelos de mis padres, los autos estrellados, sus fundamentadas preocupaciones. Cuando enfocado en mis propios intereses, ignoré las necesidades y la existencia misma del otro. Cuando lo hice por comodidad, por vanidad o por soberbia: ¿acaso no estamos obligados a entregarnos a los demás? Cuando con la excusa de creer tener buenas calificaciones en honestidad, justicia y mérito, me ausenté de las lecciones de caridad, delicadeza y kindness. Cuando fui duro en mis juicios, cuando elegí tener la razón por sobre ser amable. Cuando me tocó poner el hombro y no lo hice, cuando les fallé a quienes esperaban más de mí. Cuando dejé de vivir el presente. En otras palabras, cuando ofendí a quienes amo, a quienes conozco o a quienes no conozco con mi pensamiento, mis palabras, mis actos, o los actos que debí hacer y no hice. Espero hacerlo mejor.

A por más:

Cuatro décadas es un buen momento para ver al futuro y para reiniciar la máquina. Para recomenzar con la alegría, la ansiedad y la incertidumbre del novato; para enfocarse bastante más en el momento, para fijarse más en el camino y menos en el destino, porque el destino en las buenas historias es usualmente incierto. La cuarta década nos llama a disfrutar –aún más- la compañía, a grabar cuidadosamente los recuerdos y dar por entendido–por medio de cada anécdota del Tata- que al fin y al cabo, son estos recuerdos los que realmente marcan las vidas de quienes amamos. Nos llama a ser bastante más libres, a no tener miedo a empezar de nuevo, porque ahora somos cinco, más fuertes y mejores. No se asusten entonces queridos amigos, si me ven –aún- más libre o menos comprensible. Porque de esto se ha tratado mi vida, y porque cuarenta es solo un número. ¡Vamos por más!

martes 3 de abril punta roca 153

Punta Roca, La Libertad, El Salvador.

3 thoughts on “Cuarenta

  1. Mauricio Jimenez Larios says:

    Carlos querido: Enhorabuena por tu buen hijo, felicitaciones por sus cuarenta tacos. Lindo su mensaje. Saludos, fuerte abrazo.

    Mauricio.

    El 28 de marzo de 2018, 5:20, República Libertad escribió:

    > Carlos Jovel Munguia posted: ” Hoy cumplo cuarenta años. Cuatro décadas no > son poca cosa, sobre todo si uno ha rodado la máquina con intensidad (se > sienten más cuando la edad supera la talla de cintura). Cierto es, que no > todos son achaques. Cuando uno ve por un momento hacia atrás, 1″ >

  2. MPM Claudia Gazzolo says:

    Que belleza de artículo querido Compadre!!

    Miles de gracias por compartir y te queremos muchísimo 🙌🏻❣️

    Tío Keto y Claudia

    Claudia Gazzolo | MPM

  3. Chema says:

    Querido Carlitos o como muchos con mucho cariño te dijimos algún día (Pachi), excelentes palabras, te felicito por tu honestidad en aceptar tus buenas y malas, de mi parte como siempre para ti mi amistad y mucho, mi aprecio, mi cariño y admiración. Siga adelante campeón, te veo en los 40tas en un par de meses!

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Carlos Jovel Munguia

Carlos Jovel Munguia

Salvadoreño por nacimiento. Esposo, padre de tres (una en camino). Disfruto el café, la cerveza, la comida y contarle las maravillosas historias de Cachanflín, Cuchuflina y Horchatilla a mis hijos. Rebelde empedernido que esconde sus rasgos de nerd. Adicto a la libertad y responsable de sus consecuencias. Alguna vez hice deporte; le voy al Alianza y a través de un hijo adopté a Colo Colo; todavía guardo amarguras -y esperanza- con mi selección de fútbol. Inmigrante que sueña con un El Salvador libre y sin pobres. Aprendiz de economía y negocios (ESEN), dirección de empresas (Georgetown University), políticas públicas (University of Chicago) y tecnología.

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