La esperanza que nos deja el cambio

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June 2, 2013 by Carlos Jovel Munguia

Publicado en El Diario de Hoy el 10 de Junio de 2013

Funes, estado de la nación, 4 añosHace cuatro años, tras el triunfo de Mauricio Funes y el FMLN, el país se partió por la mitad. Un lado vivía una sensación de victoria, acompañada de esperanza, poesía y trova que anunciaban las esperadas reivindicaciones sociales que creían justas. El otro, vivía escepticismo, desconfianza y hasta miedo.

Habiendo transcurrido el 80% del período del gobierno Funes-FMLN, hay suficientes elementos para descontaminar los resultados de emociones y hacer un juicio razonado sobre el balance que nos deja el cambio, relativo a sus promesas básicas: reducción de pobreza, seguridad y combate a la corrupción.

En reducción de pobreza, las políticas públicas emblema (vaso de leche, paquetes escolares, ciudad mujer, etc.) ratifican el enfoque social que nos ofrecieron: se puede disentir sobre la efectividad de largo plazo de las medidas adoptadas -algunos preferiríamos inversión en conocimiento y nuevas tecnologías para nuestros niños- pero éstas van en línea con las promesas. Los datos más recientes indican que en el último año, se recuperó lo retrocedido durante el gobierno de Tony Saca. Es decir, la pobreza volvió donde estaba hace nueve años, justo donde la dejó la administración Flores. La situación no es alentadora cuando se considera que la inversión -que define el empleo presente y futuro- alcanzó niveles exageradamente bajos. El presidente no pareció entender que el arte de crear empleos –le guste o no le guste- pasa por ganarse la confianza y la aprobación de quienes arriesgan y sacan plata del bolsillo para invertir: creó solo 72 mil empleos en cuatro años, vs. 100 mil que había ofrecido para los primeros 18 meses.

En seguridad los números son halagadores. Si bien las extorsiones y otros crímenes solo bajan ligeramente, se redujeron significativamente los asesinatos mediante una estrategia audaz del gobierno conocida como “la tregua”: los pandilleros ya no se matan entre ellos. El problema de la audacia, es que se convierte en irresponsabilidad cuando no hay un plan de contingencia: la ciudadanía no acompañó el experimento social en que nos metió el exministro Munguía.  La tregua es ahora un caballo chúcaro que nadie sabe hacia dónde va y que de no controlarse, puede dejarnos secuelas de largo plazo en términos de riesgo moral. El nuevo ministro tiene el camino libre –y la capacidad- para diseñar y ejecutar políticas públicas para reducir el crimen de manera sostenida y real. La tarea no es fácil, pero hay señales alentadoras.

La principal deuda del asocio Funes-FMLN es en el combate a la corrupción: llama la atención que en un país pobre, pequeño -donde todo se ve y se sabe- y con una institucionalidad que otorga finiquitos exprés, no hay ningún exfuncionario de primer orden procesado por crímenes de cuello blanco. En palabras del presidente, la cárcel es sólo para los ladrones de gallina. Esto no fuera novedad si resolverlo no hubiese sido promesa de campaña. Adicionalmente, la práctica de generar fortunas personales alrededor de lo público continúa, sólo cambió de manos, como demuestran algunas investigaciones periodísticas.

Así y todo, hay señales esperanzadoras. Si a consecuencia del cambio, los salvadoreños entendemos que más que un presidente con retórica y manejo en televisión, necesitamos uno con alguna cuota de inseguridad que le obligue a cuestionarse paradigmas y a rodearse de personas talentosas y honradas que diseñen y ejecuten políticas públicas de sociedades libres, habremos dado un paso gigante hacia el progreso. Si además, nos convencemos que un presidente más que un redentor digno de lujos, caravanas y eternas esperas bajo el sol, es un servidor público más, que se debe a cada uno de nosotros y le exigimos cuentas de acuerdo a ello, habremos entendido cómo los ciudadanos de sociedades libres, modernas y horizontales demandan a sus gobernantes mejores servicios. Esto, unido a trabajo, ingenio y voluntad sostenida durante 20 años, nos asegurará sacar al último salvadoreño de la pobreza. A todos nos mata la ansiedad, pero es este el camino más corto, tomémoslo ya.

2 thoughts on “La esperanza que nos deja el cambio

  1. Yuri R. López says:

    Nuevamente, muy acertado.

    Debo mencionar que tengo dos tíos que tuvieron puestos fantasmas en la administración anterior y no han sido procesados por lo robado. Solo los despidieron. Mucho menos que van a procesar a los ‘peces grandes’.

    Una pregunta: ¿Cómo demandan a sus gobernantes mejores servicios los ciudadanos de sociedades libres, modernas y horizontales?

    • Gracias Yuri por pasar a leer y por tu comentario.

      Creo que muchos tenemos ejemplos de conocidos como el que haces alusión. Esto es algo que ha sucedido desde siempre, y que debía detenerse. El problema es que este gobierno, que al menos pensamos que eso haría, tampoco tuvo interés. El caso de la nueva VP de INSINCA llama poderosamente la atención.

      En cuanto a tu pregunta, te pongo un ejemplo: Las marchas blancas, grandes despliegues bien organizados por STISS, SIMETRISS y muchos médicos privados que en buena fe apoyaron lo que creían sería muy dañino para la población. En esencia, estaban defendiendo al status quo. Lo que tenemos. El sistema sigue mal. ¿Dónde están las marchas de los asegurados exigiendo los servicios que pagan y que nunca se pueden devengar? ¿Dónde están las demandas al ISSS por incumplimiento? ¿Dónde están las organizaciones sociales reclamando que las pensiones son sagradas, y que el gobierno no puede obligarnos a financiarle a tasas menores que mercado? ¿Dónde están los automovilistas como vos y como yo declarándose en contra del FONAT (privilegio a los buseros)? Todo esto causaría aspavientos, organización, exigencias (como cuando el 743) de mejores servicios al gobierno. Vamos avanzando, pero estamos lejos).

      Un abrazo,

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Carlos Jovel Munguia

Carlos Jovel Munguia

Salvadoreño por nacimiento. Esposo, padre de tres (una en camino). Disfruto el café, la cerveza, la comida y contarle las maravillosas historias de Cachanflín, Cuchuflina y Horchatilla a mis hijos. Rebelde empedernido que esconde sus rasgos de nerd. Adicto a la libertad y responsable de sus consecuencias. Alguna vez hice deporte; le voy al Alianza y a través de un hijo adopté a Colo Colo; todavía guardo amarguras -y esperanza- con mi selección de fútbol. Inmigrante que sueña con un El Salvador libre y sin pobres. Aprendiz de economía y negocios (ESEN), dirección de empresas (Georgetown University), políticas públicas (University of Chicago) y tecnología.

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