Catorce: anotaciones para una super princesa

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July 8, 2025 by Carlos Jovel

Fue hace poco más de 14 años que un médico en Chile nos confirmaría lo que ya me temía: ¡serías una niña! Yo, un hombre torpe y obsesivo, que sabía de algunas cosas útiles para la vida (como defenderme a puñetazos, sobrevivir botellazos en la cabeza, volcar autos contra puentes, o escapar de la autoridad), también sabía que no tenía la más mínima idea de qué se trataría eso de ser el papá de una niña maravillosa, de una princesa, una súper princesa.

Así partía este camino fantástico ala “faking til’ you become it” de -intentar-ser el papá que tú te mereces, Lucía. Con mucha bruteza e infinito amor, he buscado gobernar las angustias en la cabeza de un hombre educado en un colegio exclusivo de hombres en torno al mundo que vas a enfrentar, y he podido disfrutarte en cada una de tus etapas con alegría y sin complejos.

Con esta lógica de aspirar a ser, te cambié cientos de veces de pañales, me acostumbré a ver contigo diariamente a La Princesita Sofía antes de llevarte al kínder, te vi con orgullo venderlo todo (desde tomates, galletas para perros, pulseras, camisetas para el día de la madre) mientras me aseguraba de estar en -casi- todas tus apariciones como bailarina (¡son muchas!) con el acuerdo tácito que me dormiría la mayor parte del tiempo (nunca cuando tú estás participando). Me escapé muchas veces contigo en búsqueda de nuestra comida favorita, fuimos de compras y diferí hasta donde pude que tuvieras un teléfono móvil.  De manera natural, he disfrutado de tu capacidad de abstracción, de tu vocación a tener las conversaciones alegres y difíciles por igual, de tu entendimiento de los fundamentales de la vida y de tu a veces manía de saberlo y controlarlo todo. Tu agradable presencia y la de cada uno de los “buenas noches papi” acompañado de tres saltos en mi barriga que la vida nos ha regalado, son tesoros que llevo conmigo y me hacen fácil la vida. He intentado abrazarte cuantas veces he podido, te he hablado del sistema de incentivos de los hombres, de la naturaleza humana y de cómo protegerte de ella. Además, he cometido crímenes silenciosos por amor, como aquel de asegurarme que la primera vez que visitaras París a solas con un hombre fuera con uno que te admiraría, respetaría y amaría incondicionalmente para toda la vida. He hecho hija, si bien con torpeza, mucho de faking it y mucho menos de lo que quisiera de becoming it. Me gustaría -siempre- haberlo hecho mejor, pero sé que sabes que he tratado.

Ahora con catorce años, de a poco la vida se tratará más y más de ti, y menos de lo que tus padres podamos hacer por ti. En esta misma bruteza mezclada con síndrome del impostor de un padre sabe que no sabe del todo cómo serlo, no tengo mucho más que decirte sobre la vida este día. Mis reglas simples para evitar una vida miserable hasta aquellas que considero necesarias para alcanzar una vida provechosa se vuelven inútiles cuando observo y entiendo tu forma sencilla de vivir.

¿Qué uso tendría por ejemplo que te cuente como lo primero es asegurarte que no mates a trompadas a otra persona, o atropelles borracha a algún cristiano? ¿O que te mantengas lo más alejada de lo posible de la cárcel, de las adicciones, de las apuestas, de los tribunales de divorcio, del reggaetón y en la medida de lo posible de una muerte irresponsable? Son normativas muy básicas y defensivas para alguien que desde niña ha tenido claro de lo que se trata la vida.

Si te hablo de lo peligroso que son el rencor y el resentimiento, particularmente cuando van contra uno mismo, realizo que jamás te he escuchado una expresión de esta índole. Si te explico la importancia de perdonar y perdonarse siempre y rápido, lo primero que se me viene a la cabeza son las múltiples veces que -pensando que me has herido con una seguidilla de rolling eyes– me has dicho “perdón papi porque fui pesada”. Si me cambio a pedirte que te alejes de la carretera de la envidia, ese vicio práctico y silencioso que nos separa de nuestro propio carril y nos distrae del privilegio de poder aspirar al potencial de ser la mejor versión de uno mismo, recuerdo que jamás te vi concentrada en algo diferente a tu juego propio.

Todo lo que podría decirte se vuelve más sencillo Lucía, si hacemos la ingeniería reversa a tu propia fórmula de vida, y me permito recomendarte que dupliques tus apuestas en torno a ella: sonríe todo el día, todos los días. Ten sueños. Arriésgate por ellos. Levántate y llega temprano. Cumple tu palabra. Visualiza metas desafiantes y cuando no lo logres, sigue diciendo: “el otro año lo intentaré con más ganas”. No dejes que nadie te diga lo que no puedes lograr. Elige siempre como amigas a aquellas con quienes te sientas en casa, con quienes puedas ser tu misma. Si alguien te hace sentir inapropiada o que no perteneces allí, tiene razón. Apártate. Rebélate contra la injusticia o lo que piensas que no está bien, como cuando increpaste a aquel niño en la colonia que había herido los sentimientos de tu amiga, o cuando me reclamaste en España por mal tratar a aquel cocinero indio que solo hacia su trabajo; o cuando nos obligaste a ir al colegio a expresar tú descontento con el contenido con el que te querían indoctrinar. Si te caes, levántate. Hazlo rápido. Si te sientes diferente, acéptate. Cuando estés triste, llora. Si te fallan, perdona. Si te traicionan, apártate. Cuando necesites un abrazo, búscame. Si no tienes respuestas, mira al cielo, te sorprenderás lo que un verdadero Padre puede hacer por su hija más amada. Si tienes dudas, pregunta. Si crees que no puedes, inténtalo más duro. Si sigues sin poder, pide ayuda. Si te sientes fea, mírate de nuevo al espejo. Si fracasas estrepitosamente, alégrate, un poco más adelante está el éxito. Si te mudan de país, acostúmbrate rápido: todo en la vida -incluso las grandes tragedias- traen consigo cosas buenas. Sigue siendo esa amiga, hermana, hija con la que las personas siempre pueden contar. Si extrañas, llama. Si tienes miedo, enfréntalo.

Tienes el regalo del futuro en tus manos, y el talento, la alegría y la resiliencia de hacer de el lo que tú quieras. Una gran artista, profesional, o emprendedora: será maravilloso. Siendo así, no te deslumbres por aquellas cosas que a lo lejos parecen brillantes y atractivas, sea lo que persigas ser, que sea lo que tú quieras, no lo que nadie te dicte. Para lo que a mí me importa, la mujer a la que más admiro llevó el título de “ama de casa” la mayor parte de su vida, y lo combinó con muchas otras cosas. Los secretos más fascinantes de la vida se encuentran dentro de lo que llamamos hogar, en un plato caliente bien preparado, en una mesa compartida con los tuyos, en un paseo casual de domingo, en esas carcajadas que surgen de eso que llamamos familia. Ojalá, hija, que, con mis grandes imperfecciones, logre con la historia que te construimos a que aspires a que tu máxima aspiración en la vida sea fundar tu propia familia, con un hombre bueno (uno mejor que tu papá). Eres un regalo extraordinario al que jamás aspiré, te lo mereces todo.

Felices catorce super princesa,

Papá

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