
En los últimos 40 días, pasé por el quirófano dos veces. Sin duda, algo atípico en un período tan corto. La primera por una apendicitis aguda, que me dio el tiempo de llegar al hospital en transporte público, hacer el ingreso a emergencias y conversar tranquilamente con el médico de mis sospechas. Luego de ultrasonografías y exámenes de sangre, se confirmó el diagnóstico y me sacaron el apéndice a través de laparoscopía (me hicieron tres pequeños agujeros de unos cuántos milímetros cada uno). Sólo 8 días después estaba sentado en mi escritorio con toda normalidad.
La segunda cirugía era más o menos programada. Un día cualquiera, mientras me controlaba una sinusitis, el otorrino de una manera amable comentó que el carraspeo de mi voz no parecía del todo normal: me mandó a un especialista en cuerdas vocales, quién con un examen (esencialmente meten una cámara por la boca) confirmó que tenía un quiste que cubría alrededor de ¾ de la cuerda vocal derecha, limitando su vibración y volviéndome afónico. El pasado 27 de mayo, quitaron el quiste y me dieron dos semanas de recuperación en la que esencialmente no puedo pronunciar palabra y debo tener poco movimiento (con el mitigante que en el proceso, nació este blog).
Dados los costos de salud, dos operaciones de este tipo no son poca cosas para las finanzas familiares de un profesional como yo, ¿cómo fue posible?
El sistema de salud chileno de Instituciones de Salud Previsional (ISAPRE) es de naturaleza privada, es decir, el 7% de cotización obligatoria por ley va hacia un proveedor de servicios de salud, que ofrece diferentes paquetes de cobertura. A partir de allí, uno elige si aporta un poco más para aumentar o disminuir la cobertura, o para elegir en qué hospital quisiera atenderse en caso de enfermedad (hay hospitales más caros que otros). Para el caso en que el siniestro no esté cubierto por la póliza de ISAPRE, siempre puede usar los servicios del FONASA (algo que sería como el ISSS salvadoreño); claramente, siendo este servicio el más demandado, hay una especie de auto selección para que a él accedan quienes realmente lo necesitan. He conocido personas de estratos bajos, que ante un cáncer, cómo pagarán sus tratamientos no ha sido preocupación: el sistema funciona.
Esto es algo –en esencia- similar a lo que el presidente Francisco Flores intentó implementar en El Salvador y encontró resistencia de la sociedad a través de las marchas blancas. La satanización de palabras como “privatización” limita debates abiertos, naturales en sociedades flexibles donde ya se ha internalizado la importancia de la eficiencia en el uso de los recursos y sus implicancias para los más pobres.
Desde un punto de vista ideológico, la privatización de los servicios de salud es algo que genera ruido, pienso que esto es principalmente porque hay utilidades, y por las sospechas que es una manera más de pasar dinero público a élites privadas locales. Estos argumentos ignoran dos ideas: la primera, es que las utilidades existen cuando hay eficiencia en los manejos de los recursos. En este sistema, quién provee mejores servicios gana el favor de los pacientes (vs. El monopolio actual que tiene el ISSS en El Salvador, por ejemplo). El otro es que es perfectamente legítimo incluir en las licitaciones a operadores extranjeros (que además de recursos traigan conocimiento, recursos tecnológicos, etc.), tal y como se hizo con las telefonías (con resultados positivos innegables para los usuarios).
Es una lástima que en el debate en el tema de salud, el aporte privado esté vetado como lo muestra la recién aprobada ley de Asocio Público Privado. El aporte de estos en infraestructura, conocimiento, colaboración y competencia seguramente habría hecho que tuviésemos algo diferente a lo que tenemos; por diferente, me refiero a sustancialmente mejor. Tres presidentes han pasado y efectivamente no hubo reformas. Muchos recursos han pasado y las cosas en el ISSS están hoy igual o peor que antes (excepto para los poderosos que disfrutan el sistema de desorden actual: sindicalistas, proveedores, políticos, etc.). Como usuario, hijo y hermano de médicos, esposo y padre de dos, sospecho que en mí país, en el tema de salud, nos asustan con el petate del muerto.

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